La problemática social, en la que se incluye la falta de aceptación entre culturas, la desigualdad, cuestiones raciales hasta topar con la temática religiosa continúan siendo parte del conflicto constante que asecha y perturba la paz del hombre.
Parece ser un trabajo difícil inducir a una población hacia el amor, pero es más viable invitar a un respeto mutuo. Nuestra cultura mexicana se encuentra en una etapa de cambios en los que muchos se rehúsan a aceptar. Sin embargo, aquél que no acepte los cambios legales y morales de una nueva etapa en México es rehusarse a participar en el progreso de su propio país.
México necesita tolerancia, exige aceptación. Darle la importancia al respeto es dar pasos para aceptarnos y progresar como país, esto dará frutos a futuro.
Una vez aceptada la unificación legal entre parejas del mismo sexo (Distrito Federal), miles de personas salieron a festejar un triunfo por el cual se luchó durante años. Sin embargo existe un punto muy importante que se debe tratar.
La comunidad LGTB, ha realizado talleres, marchas, folletos, comunicados, páginas de internet, entrevistas en medios de comunicación, participación en top shows, programas y una inmensa agenda con innumerables actividades para especificar sus derechos, así como también para educar a los que tienen una imagen errónea y generalizada sobre los homosexuales, y sobre todo, para apoyar a los suyos, aquellas personas con preferencias sexuales hacia su mismo sexo que se encuentran con distintos problemas tanto de aceptación, como otros en los que se incluyen la violencia, la homofobia en hogar, trabajo etc.
Esa lucha ha dado frutos y ha conseguido la aceptación de individuos y la atención de los medios para así poder llegar a quienes desconozcan el tema o simplemente a quienes lo ignoren. Hasta el momento, se tiene entendido que la comunidad gay ha defendido a capa y espada sus derechos y a “los suyos”. Pero… un problema se manifiesta en la raíz.
Primeramente, se descarta una generalización. Existen casos donde grupos de apoyo o activistas homosexuales discriminan a su propia comunidad. Asechan a las personas, las etiquetan y mediante difamación se pone en tela de juicio su moral. Tan injusto es aquel que se atreve a juzgarte por tus preferencias sexuales, como injusto es aquel homosexual que se atreve a señalarte por tus acciones como persona.
Es inevitable pensar en la posibilidad visualizar a un individuo saliendo a las calles gritando y exigiendo respeto, cuando siquiera aún da respeto ni amor por los suyos. La discriminación se da en los mismos homosexuales en algunos casos. Introduciéndose a la vida ajena, la analizan y determinan si eres una persona aceptable o por lo menos generan conflictos desacreditando tu persona con la pareja, con familiares, amigos y desconocidos, simplemente por una oposición a tus acciones completamente privadas o ideologías en tu vida que no afectan a su persona ni a los demás. Las cosas se salen de contexto y esto resulta triste.
¿Cómo se le puede exigir aceptación a la sociedad, si la aceptación no parte desde la misma comunidad?
Es ilógico manifestarse y exigir respeto y comprensión. El respeto y la comprensión se dan desde lo más cercano, se le brinda al amigo, al hermano, al padre o la madre. No se trata de segregar grupos que ya en si son pequeños.
Ciertas personas requieren de dicha concientización, la vida es de cada quien, los aspectos personales deben ser respetados siempre y cuando no se transgredan disposiciones legales. Es parte de la libertad del hombre, decidir sobre su vida, su pareja y su estilo de vida.

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